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Las relaciones interpersonales y la relación terapéutica

por Dr. José Antonio García Higuera

descripción

La relación terapéutica en el cambio de
las relaciones interpersonales


La forma de enfrentar las relaciones interpersonales es
en muchos casos el origen de los problemas psicológicos. Una forma
en la que estos aparecen es cuando utilizamos esquemas aprendidos en
la infancia, que no necesariamente tienen que ser eficaces en la actualidad.

Los esquemas nucleares y su cambio

Concebidos como conductas que adquirimos en la infancia
y que aplicamos de forma automática, sin intervención de
nuestra conciencia. Cuando somos niños, aprendemos conductas y
las automatizamos como una forma de ir siendo más eficaces y tener
la mente libre para otras cosas. Dentro de la automatización de
la conducta, también automatizamos la forma de relacionarnos con
nuestros padres y establecemos rutinas de comportamiento que se hacen
automáticas, es decir, en ellas no entra la conciencia, en este
sentido son inconscientes.

Luego, cuando aparecen situaciones similares iniciamos
esas rutinas, inicialmente. Son tendencias a actuar y de acuerdo con
ellas nos preparamos para hacerlo. Si no entran valoraciones posteriores,
las aplicamos, aunque nos estén dando muchos problemas en la actualidad,
pero ni siquiera nos planteamos su existencia.

La terapia se basa en la relación terapéutica
y es un marco idóneo para cambiar los esquemas aprendidos en al
infancia (Kohlenberg y Tsai, 1991). Esto lo han estado aplicando desde
hace más de un siglo los psicoanalistas. Los problemas del paciente
frecuentemente se manifiestan en la relación terapéutica
y por eso esta es un marco idóneo para el cambio. Hay que tener
en cuenta que las modificaciones de la conducta se dan mejor cuando se
ha elicitado el comportamiento y la emoción asociada en toda su
potencia y se han encontrado formas alternativas de actuar (Foa y Kozak,
1986, Safran y Greemberg, 1991), por eso tener las emociones tienen que
surgir fuerte y potentemente en las sesiones.

Para el cambio de estos patrones automatizados de comportamiento
es conveniente en la terapia investigar las relaciones que ha mantenido
el paciente y que mantiene en el presente y luego determinar como se
están manifestando en las sesiones. Los pacientes asocian ambos
tipos de relaciones, si se les da oportunidad y lo hacen de forma espontánea.
(Newman, Castonguay, Borkovec y Molnar, 2004).

Hay que tener en cuenta que para que se dé el cambio
no solamente hay que encontrar o darse cuenta de que se están
utilizando los mismos esquemas, sino que se tiene que haber aprendido
una conducta alternativa que se pueda aplicar en lugar de la automática.
Los protocolos propuestos por Arntz (1999) pueden ser un arma potente
cuando se trata de cambiar la forma que se tienen de ver y vivir acontecimientos
pasados y de desmontar los automatismos que se han construido.

Formas de determinar que se está ante un esquema
nuclear

Cuando los esquemas aparecen en la relación terapéutica,
el terapeuta tiene que estar muy atento para detectarlos por el gran
peligro que se tiene de verse envuelto en ellos, dejándose arrastrar
y estableciéndose una relación que no es positiva. Por
eso hay algunos indicios que pueden alertar:



  • Cuando el terapeuta siente que la terapia no va a ningún
    sitio, se siente distanciado del paciente, frustrado y que no le está siendo útil.
    Por ejemplo, cuando se dedica demasiado tiempo en la sesión
    a investigar por qué ha ocurrido una determinada cosa, y así lo
    pide el paciente, hay que tener en cuenta que se está distanciando
    del problema, que está rumiando y que no se está involucrando
    emocionalmente. O cuando hay demasiada información irrelevante.
  • Hay que estar atentos a las explicaciones que den los
    pacientes a las conductas que hacen, porque parece que si la tienen,
    la conducta es aceptable. Sobre todo si buscan un diagnóstico
    que explique por qué se comportan así. Hay
    que distinguir entre lo que es una conducta explicable frente a cuando
    es aceptable.
  • Hay que prestar atención a las muestras de
    insatisfacción del paciente con la terapia. Expresiones de hostilidad,
    sarcasmo, desacuerdo con los objetivos terapéuticos, conductas
    evasivas como llegadas tarde o no contestar preguntas, etc. o justificaciones
    innecesarias de las conductas que hacen, pueden ser una indicación
    formas de relación del paciente que son problemáticas.
    En lugar de considerarlas como verdaderos desastres y evitarlas, hay
    que tener en cuenta que son oportunidades para ver si estos problemas
    se dan también en la realidad y crear una oportunidad para modificarlos,
    si es así. La modificación se puede hacer en tres pasos,
    reconociendo el problema y profundizando en él sin hacer culpable
    al paciente, empatizando con sus sentimientos y por último reconociendo
    que él mismo terapeuta ha contribuido a esa situación.
    Se consigue así servir de ejemplo al paciente para reconocer
    sus propias contribuciones al problema.

Para darse cuenta de estos indicios los terapeutas se tienen
que distanciar de la relación con el paciente para lo que es conveniente:


  • Observar y tomar nota de lo que ha ocurrido en la
    sesión.
  • Preguntarse como le habría afectado la conducta
    del paciente si en lugar de ser su terapeuta fuera un amigo suyo.

  • Observar las emociones que el terapeuta tiene en la
    sesión, lo que los psicoanalistas llaman contratransferencia,
    y analizar a qué actitud del paciente se deben.

Hay que tener en cuenta que los esquemas nucleares del propio terapeuta
pueden interferir en la terapia y que tiene que tener alternativas a
los del paciente para poder potenciar su modificación.

Febrero 2007