Duelo, duelo patológico, duelo complicado

La tristeza ante la pérdida de una persona importante y significativa en la vida es una reacción normal y hay que aceptarla. Decimos entonces que estamos pasando un duelo. Para aceptar la pérdida es preciso realizar una serie de procesos, que muchas veces hacemos de forma automática, pero otras veces nos cuesta o no lo hacemos, dando lugar a un duelo complicado e incluso patológico.

Tareas para afrontar el proceso de duelo

Susana Zazo Díaz

Psicóloga
Master en Terapia Cognitivo Conductual
Especialista en Psicoterapia (EFPA)

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El duelo

A lo largo de nuestra vida las personas tenemos que hacer frente a múltiples pérdidas. No todas las pérdidas son igual de significativas ni interfieren de la misma manera en nuestra vida cotidiana, pero toda pérdida, con valor real o simbólico, conlleva un proceso de duelo, consciente o no, para quien lo sufre.

Las pérdidas no sólo se refieren a la muerte de un ser querido, también podemos sufrir pérdidas durante nuestra vida de animales, objetos a los que nos una algún vínculo emocional, etc. Evidentemente, el dolor experimentado dependerá del tipo de vínculo que nos una a aquello que perdemos y a cómo esta pérdida afecte a los aspectos más fundamentales de nuestra vida.

La resolución del duelo

Desde hace varios años diversos autores han defendido la idea de que para superar el duelo es necesario pasar por varias fases o etapas. No obstante, y siguiendo el planteamiento propuesto por J.W. Worden, el hecho de hablar de fases y/o etapas puede colocar a la persona en una posición pasiva frente a su dolor, donde no sea posible hacer nada más que esperar que se vayan sucediendo gradual o progresivamente dichas etapas. Por este motivo, este autor prefiere hablar de TAREAS DEL DUELO, lo que sitúa al sujeto en una postura más activa de cara a la elaboración del mismo. Hablar de tareas implica que la persona puede hacer algo para manejar su dolor. Aunque esas tareas requieren un cierto esfuerzo.

Es importante aclarar que no se trata de técnicas o trucos a los que agarrarse para que el duelo pase antes o para que duela menos, ya que el control de la experiencia subjetiva del dolor es algo que está fuera de nuestro alcance. Las tareas ayudarán a que la persona que ha sufrido la pérdida aprenda a abrirse a las emociones que experimenta, sin juzgarlas ni luchar contra ellas y a darlas sentido, para ir poco a poco asumiendo la pérdida, recolocándola en su vida  y continuar avanzando en el camino que le marquen sus valores.

Aunque las tareas no siguen necesariamente un orden específico, en su definición se sugiere un cierto ordenamiento. No obstante, pueden darse en cualquier momento.  Las tareas propuestas por Worden serían las siguientes:

Tarea I: aceptar la realidad de la pérdida

Esta tarea consiste  en afrontar el hecho de que la persona ya no está.  El autor distingue entre aceptación intelectual y aceptación emocional. El primer término hace referencia al conocimiento que se tiene de una muerte o pérdida, mientras que el segundo término va más allá del hecho de ser consciente  de que alguien se ha ido, siendo necesario reconocer y vivir las emociones que han generado la pérdida.  

Hay personas que niegan que se haya producido una pérdida o el significado que ésta supone para ellas, lo que dificultaría esta tarea. Cuando la pérdida no es por una muerte, como puede ser el caso de una ruptura de pareja, la esperanza de que la persona un día vuelva puede alargar en el tiempo esta tarea, dificultando la elaboración del duelo. Por eso es preciso aceptar la realidad de la pérdida y de las emociones que genera.

Tarea II: trabajar las emociones y el dolor de la pérdida.

Para poder trabajar las emociones que surgen durante el período de duelo, es necesario que la persona sea consciente de qué emociones se están experimentando y permitirse sentirlas. Algunas de ellas son más evidentes, como la ira o el enfado, pero puede que no esté dejando salir a la superficie otras emociones más difíciles de afrontar, pero que también es necesario manejar, como es el caso del dolor, la angustia, o el sentimiento de soledad.

Durante el duelo, la persona experimentará tanto emociones negativas como positivas, sin responder a ninguna lógica ni orden establecido. Se puede sentir cualquier emoción en cualquier momento. Lo importante es aceptar en todo momento los sentimientos, nos parezcan lógicos o no, demasiado dolorosos o demasiado poco. Muchas personas, de manera consciente o inconsciente, no se permiten sentir ciertas emociones,  bien por evitar el sufrimiento, por miedo al rechazo social, etc.; pero es necesario reconocer y trabajar todo sentimiento experimentado. La negación de esta segunda tarea es no sentir, lo cual se puede hacer de muchas maneras: evitando pensamientos dolorosos,  idealizar a la persona perdida, evitar las cosas que le recuerdan la pérdida, usar drogas o alcohol…

La sociedad actual hace más difícil completar la tarea II, ya que abandonarse al dolor está considerado como negativo e insano.

Tarea III: adaptarse a un medio en el que la persona está ausente

Worden habla de tres áreas de adaptación que se deben abordar tras la pérdida:

  1. Adaptaciones externas: cómo influye la pérdida en el día a día de la persona, es decir,  qué roles desempeñaba.
  2. Adaptaciones internas: cómo influye la pérdida en la imagen que la persona tiene de sí misma, fundamentalmente en la definición que hacen de sí mismas y en su sensación de eficacia personal.
  3. Adaptaciones espirituales: cómo influye la pérdida en las creencias, valores y los supuestos sobre el mundo que tiene la persona.

Para completar esta tarea, la persona tendrá que aprender a asumir los roles a los que no está acostumbrada, desarrollar habilidades que nunca había tenido y seguir adelante con un nuevo sentido de sí misma y del mundo.

Tarea IV: recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.

Esta última tarea consiste en encontrar un lugar para la persona que se ha ido que le permita a la persona estar vinculada con ella, pero de forma que no le impida continuar con su vida. Debemos encontrar maneras de recordar a los seres queridos que han fallecido llevándolos con nosotros, pero sin que ello nos impida seguir viviendo (Worden, 2004). No consiste en renunciar al fallecido, sino en encontrar un lugar adecuado para él en su vida emocional.

La complicación del duelo: la intervención terapéutica

La mayoría de la gente no necesita ayuda para elaborar su duelo. El problema viene cuando alguien no resuelve adecuadamente alguna de estas tareas y siente que no consigue seguir con su vida sin que la pérdida interfiera en ésta de manera significativa. Al principio del proceso de duelo es normal que ocurra esto, pero mantenido en el tiempo puede desembocar en un duelo patológico, complicado o no resuelto, que podría definirse como “la intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas, o permanece inacabablemente en este estado sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución” (Horowitz, 1980).

En este sentido, una de las clasificaciones que más consenso ha adquirido establece cuatro subtipos de duelo complicado:

  1. Duelo crónico. Pasa un año y la persona siente que nunca acaba. No termina de amoldarse a su nueva vida y sigue sin aceptar el dolor, la angustia o la ansiedad que siente al recordar la pérdida. La persona se detiene  en alguna de las tareas descritas anteriormente sin llegar a su finalización.
  2. Duelo retrasado o pospuesto. Tras la pérdida la persona experimenta ciertas emociones, pero no todas las que existían, o con su verdadera intensidad y, pasado un tiempo, vuelve a experimentar una fuerte carga emocional ante algún acontecimiento que reabre la herida.
  3. Duelo exagerado: la persona se siente desbordada de dolor  y trata de evadirse mediante ciertas conductas de evitación, como consumo excesivo de alcohol o drogas, centrarse obsesivamente en el trabajo, en salir o en cualquier conducta que le permita sobrellevar el dolor, lo cual puede llevar, en última instancia, a desarrollar algún trastorno psicopatológico, como problemas de ansiedad o depresión. Puede ser que la persona sea consciente de que hace todo esto para evitar el dolor que la pérdida implica, pero no sepa cómo afrontarlo.
  4. Duelo enmascarado: la persona presenta problemas físicos o realiza conductas que le causan dificultades, pero sin darse cuenta de que éstas tienen que ver con la pérdida no superada. Por ejemplo, puede experimentar síntomas físicos similares a los del fallecido antes de morir o desarrollar problemas psicopatológicos (ansiedad, trastornos alimentarios, etc.), sin ser consciente de que su malestar tiene que ver con el duelo no resuelto.

Es cuando se da este tipo de complicaciones cuando es precisa la intervención terapéutica, que ha de identificar las tareas que no se han realizado y ayudar a la persona para que pueda llevarlas a cabo.

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13/10/2009