La pareja frente a la infertilidad

No alcanzar la maternidad/paternidad por medios naturales es causa de estrés psicológico. Cuando se acude a tratamiento de fertilidad, se pasa por diversas fases e incertidumbres que hacen necesario el apoyo psicológico. En esta página encontrarás descritas los problemas emocionales que se presentan a lo largo del tratamiento de infertilidad y cómo un(a) profesional puede ayudar a superarlos.

La pareja frente a la infertilidad

Teresa Vaquero Romero Psicóloga.

Sexóloga. Especialista en terapia de pareja

Si hay una situación estresante que pone a la pareja a prueba, ésta es la búsqueda infructuosa de ser padres, vivir durante años la frustración de su deseo de concebir un hijo de forma natural y sin ayuda médica. Puede suponerle a la pareja conflictos difíciles de manejar que pueden hacer tambalear la felicidad de sus componentes y sumirles en una importante crisis, tanto personal como de la relación.

El camino hacia la fecundación asistida

Según los estudios el momento más fecundo para la mujer se encuentra alrededor de los 25 años, a partir de ahí va decreciendo ligeramente hasta los 35 años, donde el decremento se hace más claro. Es a partir de los 35 años cuando la calidad de los óvulos es menor y en el útero y en las trompas de Falopio pueden aparecer fibromas y endometriosis, que dificultarían le gestación. Las cifras indican que una mujer necesitará entre 3 y 4 meses para quedarse embarazada a los 25 años y de 12 a 13 meses de media entre los 35 y 40 años de edad.
Un 80% de parejas, en las que la mujer tiene más de 35 años, tendrán que esperar un año para quedar embarazadas, del otro 20%, un 10% esperarán más de un año y el 10% restante acudirá a la medicina para cumplir su deseo de concebir un hijo.

El planteamiento de un tratamiento

Para solicitar un estudio de fertilidad es necesario llevar mínimo un año intentando que se dé el embarazo sin éxito, a partir de los 40 años ese tiempo puede ser menor. Dependiendo de la edad, la situación familiar y el contexto socio-económico de la pareja suelen acudir a la sanidad pública o privada. También es habitual acudir a ambas a la vez, en un intento de ganar tiempo y agotar todas las posibilidades en caso de necesitar tratamiento. Debido al aumento de la demanda, los tiempos de espera en las unidades de reproducción públicas cada vez son mayores, aunque diferentes en cada comunidad autónoma. Según algunos estudios la media de espera en Madrid es de año y medio.
Los terapeutas nos encontramos en nuestras consultas numerosos casos de parejas en crisis que necesitan la ayuda de la terapia para recuperarse del difícil camino recorrido para conseguir ser padres y, en el peor de los casos para afrontar, sin romper la relación el fracaso de su deseo de ser padres/madres. Es de suma importancia entender el duro camino que atraviesa la pareja en su deseo de tener un hijo, sólo en cuestión de tiempos de espera habría que tener en cuenta que cuando la pareja acude al especialista en reproducción asistida lleva un mínimo de dos años buscando el embarazo por su cuenta, a esto se le sumaría el tiempo de espera desde las primeras entrevistas de evaluación hasta el inicio de las pruebas diagnósticas, que puede ser de hasta dos años, más de uno a tres meses que se necesitan para realizar las pruebas pertinentes y hasta que se inicia el tratamiento, estaríamos hablando de un proceso de unos seis años de duración. En este tiempo, la pareja ha pasado de la ilusión y la esperanza de los primeros momentos a la frustración, la desesperación y los miedos que van acompañando a cada mes de fracaso. Este proceso es un acontecimiento estresante que pone a prueba a cada uno de los miembros de la pareja y a la relación en sí misma. Por lo que no hay que dudar en pedir ayuda a un terapeuta de pareja cuando el sufrimiento y la falta de entendimiento hacen mella en la relación.
En esa primera cita a la unidad de reproducción, se empieza un nuevo recorrido, un nuevo proceso psicológico que supone un punto de partida hacia la posible solución del problema, en la que el éxito del tratamiento/s no es seguro y la consecución de su deseo no está garantizado.

Los procesos emocionales durante un tratamiento de fertilidad

Los procesos emocionales por los que pasa la pareja son diferentes en función del momento del tratamiento en que se encuentren, por lo que conocerlos ayudan al terapeuta a empatizar con ellos y acogerlos en un entorno clínico en el que se sientan seguros y comprendidos.

- Primera visita a la unidad de reproducción

Es un momento inquietante de ilusión e incertidumbre. Se abre una puerta a la esperanza tras meses de frustración. Las parejas depositan su fe en que las técnicas de reproducción funcionen y puedan, por fin, tener un hijo.

Durante el estudio de fertilidad

 Son muchas las situaciones de estrés por las que pasar, un simple análisis de sangre o de orina adquiere un gran significado y la espera de los resultados puede resultar muy angustiosa. También se pasa por incertidumbre ante pruebas novedosas y miedo ante la posibilidad de sufrir dolor en el transcurso de las mismas.

En el momento del diagnóstico

Las emociones nos generan contradicción, puede experimentarse un cierto alivio al conocer el origen de los problemas de fertilidad y marcarse así el inicio de la posible solución, pero por otro lado se evidencian dos grandes pérdidas, la de la salud reproductiva y la de la realización del mayor deseo de la pareja, el ser padres sin mayores complicaciones.
La aceptación del diagnóstico no siempre es inmediata, en ocasiones es el resultado de un proceso que se inicia con un estado de negación, seguido de enfado, sentimiento de injusticia e infortunio, tristeza e impotencia. Realizar el proceso hacia la aceptación sin quedar estancado en un punto anterior es cuestión de tiempo en la mayoría de las ocasiones y depende del contexto personal y de pareja de cada caso, así como la personalidad y las habilidades de afrontamiento de cada persona. Pero cuando algo no va bien, cuando las emociones no fluyen puede aparecer el bloqueo y el sufrimiento innecesario. Entonces puede ser adecuado buscar el apoyo psicológico de un terapeuta especializado ya sea en la propia clínica de reproducción asistida o fuera de ella.

Inicio del tratamiento

Cuando se acepta el diagnóstico, se estudian las alternativas y se valoran los costes-beneficios de cada opción (adoptar, resignarse a no tener hijos o realizar un tratamiento de reproducción asistida) es el momento de decidir qué alternativa se va a seguir, aceptar las emociones que les van a acompañaran en ese camino e iniciar su andadura.
Son diferentes las reacciones emocionales en función del momento del tratamiento y el tipo de tratamiento que se realice. En una primera fase de estimulación ovárica asoman con fuerza la ilusión y la esperanza, en convivencia con el temor a lo desconocido. Las frecuentes visitas a la unidad de reproducción pueden alterar las rutinas familiares y laborales de la mujer y es fácil sentir impaciencia por conseguir el objetivo final.
En otros momentos del tratamiento las respuestas de ansiedad son más evidentes e intensas, si el tratamiento consiste en una inseminación artificial es menos estresante que si es una fecundación in vitro, que es más largo, molesto y complejo, especialmente si el tratamiento se realiza con donación de gametos o de embriones, ya que a todo lo anterior se añade el temor, la contradicción y la duda de no ser ellos los “únicos” padres. Es en estos casos donde se hace más necesaria la terapia u orientación psicológica.

A la espera de resultados    

Es el momento de comprobar si el esfuerzo ha merecido la pena, si el tratamiento ha tenido éxito y se ha conseguido el ansiado resultado. El paso del tiempo se torna lento, los minutos parecen horas, la atención de la mujer se focaliza en cada respuesta de su cuerpo, se desean los pasos de los días y se teme la llegada de la regla. La espera se hace interminable y angustiosa. El nerviosismo, la esperanza, la euforia y la agonía comparten protagonismo según el momento y el día.

Cuando ya están los resultados

A pesar de los avances en los tratamientos, sólo en un 30% de los casos se obtienen los resultados deseados, y aunque las probabilidades de conseguir un embarazo sin ayuda médica no son muy superiores, la vivencia del fracaso tras la terapia de reproducción asistida es mucho más dolorosa, triste y frustrante por todo el esfuerzo, tiempo y esperanzas invertidas. El coste físico, emocional y psicológico asesta un revés del que no es sencillo recuperarse, aunque la mayoría de las parejas se levanta y sigue hacia adelante.

Se obtiene la gestación

Si como resultado se obtiene la gestación, en ocasiones múltiple, a la euforia e inmensa alegría se le unen el miedo al aborto y a lo que está por venir.

La intervención del psicólogo en el proceso

La intervención psicológica tiene que ajustarse a cada caso y a las características que le hacen único y especial. La intervención puede realizarse de forma individual, en pareja y en grupo. Además de realizarse de manera presencial puede resultar muy útil el apoyo y asesoramiento telefónico. Por lo que sería deseable que todas las clínicas especializadas en reproducción asistida facilitaran a sus pacientes este tipo de servicio.
Las características de la intervención y los objetivos terapéuticos serán distintos en función del momento del tratamiento en el que se encuentre la pareja.

En la fase de diagnóstico

es de especial relevancia dotar a la pareja de la información necesaria para entender y conocer los aspectos médicos del tratamiento, así como anticiparles los procesos emocionales que pueden aparecer a lo largo de todo el proceso. Se ajustan así las expectativas, se eliminan incertidumbres y se normalizan síntomas.
Es imprescindible trabajar el mantenimiento o creación de redes sociales de apoyo y colaboración, para favorecer la distracción y el desahogo necesarios en el duro momento que atraviesan. Que sus vidas no se paralicen y no dejen de cuidarse a sí mismos y al otro.
Identificación de valores relacionados con la pareja y la maternidad para afrontar cualquier malestar en relación a que para ellos tiene sentido. Tener clara la dirección de sus vidas y afrontarlo juntos, en colaboración les hará más fuertes ante la adversidad.
Trabajar la aceptación de emociones y de pensamientos para que estos no les desborden ni les paralicen. También son útiles las técnicas de relajación para dejar de tensar, relajarse y afrontar el tratamiento con entereza.

En la fase de tratamiento

Les servirán todas las técnicas aprendidas en la fase anterior, aquí cobrará especial relevancia la expresión de emociones con el fin de conseguir apoyos y comprensión de manera asertiva. Conocer y expresar sus emociones primarias tales como el miedo o la incertidumbre de manera que los tratamientos médicos sean más llevaderos y no acumulen emociones que les acaben desbordando.
El manejo de la tensión y la ansiedad es muy importante para afrontar las técnicas más molestas y favorecer el éxito de las mismas.
Cuidar las relaciones sexuales y la expresión de afecto y cariño para que mantengan la capacidad de disfrutar de sus encuentros íntimos y no se conviertan en un proceso automático carente de placer. Será necesario intervenir de forma específica ante cualquier disfunción tanto masculina como femenina.
Prepararse ante las altas probabilidades de tener embarazos múltiples.
Preparación para afrontar los posibles fracasos del tratamiento.
Desarrollo y entrenamiento de habilidades de comunicación ante familiares y amigos para informar de los resultados y mantener o establecer límites para protegerse de posibles presiones o invasiones en su intimidad.
Preparación para, llegado el momento, tomar decisiones que suelen resultar difíciles, tal como utilizar donantes, paralizar el tratamiento o finalizarlo.
Manejo de la ansiedad y la incertidumbre mientras esperan los resultados del tratamiento.

Si no se consigue “el niño en casa”

La ayuda más necesaria es la de realizar un buen proceso de duelo. Son muchos los adioses que hay que hacer ante la frustración de sus mayores deseos. Ante una pérdida tan evidente la ayuda psicológica cobra especial relevancia.
Ayudar a la pareja a realizar este proceso juntos y que la relación no se deteriore ni pierda sentido, darse apoyo y consuelo mutuo y generar nuevas alternativas de paternidad o nuevas formas de comprometerse con sus valores y sentir que éstos siguen guiando sus vidas.

Si se consigue “el niño en casa”

Después de tanto sufrimiento se mezclan las emociones de alegría, ilusión, euforia… Pero también surgen nuevos temores, inseguridades y miedos, en este momento la ayuda psicológica se centra en el manejo de esas emociones negativas para que no les paralicen y comprueben que ellos pueden hacerlo y generen así la seguridad en su nueva faceta de padres.

1/10/2016

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