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Terapia personal de entrenamiento

por Dr. José Antonio García Higuera

descripción

Terapia personal de entrenamiento


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Razones para realizar una terapia personal
de entrenamiento.
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En que puede consistir la terapia personal
de entrenamiento.
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Áreas personales de mejora.
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Aplicación de las técnicas a
nuestra propia vida.
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Razones para realizar una
terapia personal de entrenamiento

La labor asistencial del psicólogo clínico se realiza
en un medio en el que sus capacidades y limitaciones personales son
puestas en cuestión en cada acto profesional que realiza. Tenemos
una profesión en la que estamos expuestos a muchos riesgos para
la salud mental de quien ejerce la psicología clínica
asistencial y la formación técnica que se adquiere ayuda,
pero no es suficiente para afrontarlos con garantía total de éxito.
Tenemos que tener conocimientos y experiencia, pero también
características personales como conocimiento de nuestros límites
y capacidades, seguridad, empatía, tranquilidad, etc. para asegurar
que nuestro ejercicio se realiza con calidad. En algunas orientaciones
dentro de la psicología clínica y de la salud está establecida
la terapia personal como una condición previa para el ejercicio,
en la orientación cognitivo conductual no es así.

Hay que tener en cuenta que el éxito de la terapia tiene una
base importante en la relación terapéutica y que en ella
el psicólogo se ve involucrado personalmente y se encara con
problemas que tiene que tener resueltos en su propia vida para poder
realizar la terapia de forma efectiva. Es claro que en nuestro quehacer
diario, si no tenemos resuelto el problema que trae al paciente a consulta
difícilmente podremos transmitirle seguridad en lo que estamos
planteándole, pero aunque no tengamos su problema también
hemos de comunicarle la plena confianza que tenemos en las técnicas
que utilizamos y nada mejor para adquirirla que nuestra propia experiencia.

No podemos caer en la trampa de considerar que la terapia cognitivo
conductual solamente se aplica a problemas recogidos en el DSM-IV,
sería una colonización del colectivo médico que
ha recogido para el diagnóstico los avances de la terapia cognitivo
conductual y nos lo devuelve dentro de un marco de aplicación
al tratamiento de la enfermedad. Esto nos podría llevar a pensar
que solamente se puede aplicar a enfermedades, olvidándonos
de que la psicología está basada en leyes generales que
cubren todos los aspectos de la vida.

Algunos ejemplos pueden aclarar elementos en los que puede ser necesario
el entrenamiento personal. Así, es preciso tener resuelta la
relación con el dinero, para cobrar a los pacientes, con el
sexo, para afrontar determinadas situaciones dentro de la terapia,
con la agresividad, para soportar de forma asertiva las actitudes agresivas
de algunos pacientes, con el fracaso, para reaccionar adecuadamente
a los retrocesos que inevitablemente surgen en el curso de la terapia,
etc. La mejor forma de realizar este entrenamiento es en una relación
establecida en un contexto clínico asistencial, con la aplicación
de las técnicas que se emplean en la solución de los
problemas con los pacientes y que como tales técnicas trascienden
su aplicación exclusiva a la psicopatología.

Son indiscutibles las ventajas adicionales que este tipo de entrenamiento
tiene para la formación en el ejercicio práctico de los
psicólogos clínicos. La mejor manera de realizar cambios
personales es aplicar las técnicas que se van a emplear en el
propio ejercicio profesional, porque son aquellas en las que tenemos
más confianza. Tener experiencia personal de la aplicación
de  determinadas técnicas en la mejora de nuestros
propios problemas aporta una seguridad irreemplazable a la hora de
emplearlas en los de los pacientes. Ponerse en el otro lado de la mesa
supone reconocer nuestras propias limitaciones y estar seguros de que
nuestras técnicas sirven para resolver los problemas cotidianos.

La experiencia nos dice, además, que los pacientes siempre
nos plantean nuevos retos por lo que no tenemos que olvidarnos de nuestra
mejora continua y el cuidado de nuestra salud. La terapia personal
forma también parte del autocuidado, y se incluye en los métodos
que permiten establecer un apoyo terapéutico para el psicólogo.
Algunas terapias cognitivo conductuales como la Dialéctica de
Linehan que trata con pacientes con trastornos límite de personalidad
reconocen la necesidad del apoyo de los compañeros en la terapia
para poder ser efectivo y para salvaguardar la salud mental del terapeuta
ante los terribles retos a los que le somete la patología del
paciente.

Es claro que en nuestro quehacer diario, si no tenemos resuelto el
problema que trae al paciente a consulta difícilmente podremos
transmitirle seguridad en lo que estamos planteándole, pero
aunque no tengamos su problema también tenemos que comunicarle
la plena confianza de que las técnicas que planteamos funcionan
y son efectivas y nada mejor para ello que nuestra propia experiencia.

Aplicar determinadas técnicas tiene una dificultad psicológica
importante; por ejemplo hacer una exposición es muy duro porque
el paciente sufre una gran ansiedad mientras tenemos que mantenernos
firmes para que no evite el estímulo temido. Para ello tener
la confianza en la técnica es fundamental para el éxito
de la terapia y para el coste personal que realizarla supone pare el
terapeuta.

Tener experiencia directa en la aplicación de determinadas
técnicas en nosotros mismos aporta una seguridad irreemplazable
a la hora de aplicarlas. Estar en el papel de paciente supone reconocer
nuestras propias limitaciones y estar seguros de que nuestras técnicas
sirven para resolver problemas y mejorar personalmente. Hay que tener
en cuenta que la psicología clínica se aplica a un continuo
de salud enfermedad y que su aplicación va más allá del
tratamiento de los trastornos psicológicos, en cualquier orientación,
incluida la terapia de conducta. Ponerse delante de un paciente para
intentar dar una solución a sus problemas es un reto al que
hay que estar preparado psicológicamente.

En que puede consistir la
terapia personal de entrenamiento

Existen dos campos que tienen que ser abordados en la terapia personal
de entrenamiento, por una parte nuestros problemas personales y por
otra el aprendizaje en propia carne de la aplicación de las
técnicas terapéuticas.

Áreas personales
de mejora

Muchas veces sabemos que nuestros problemas existen, que en determinadas
situaciones o momentos no nos sentimos del todo bien, no somos felices,
pero nosotros mismos no sabemos, no ya a que se debe, sino ni siquiera
definirlos. Es el momento de aplicar nuestra herramienta por antonomasia:
el análisis funcional. Para ello necesitamos la colaboración
de un profesional que pueda tomar la distancia emocional necesaria
y que, lógicamente nosotros no tenemos. Un análisis funcional
de nuestra vida, de nuestras relaciones, nos puede permitir determinar
si realmente hay algún punto en el que queramos mejorar o necesitemos
tratar de forma prioritaria. Este proceso, que se da a veces en la
terapia con los pacientes, es más frecuente e importante en
la terapia personal de entrenamiento.

Una vez determinado el campo de actuación podremos continuar
el análisis funcional para determinar los esquemas de actuación
que están interviniendo, que la mayoría de las veces
serán aprendidos en la infancia y automáticos. Después
podremos establecer un programa para su cambio y mejora.

Ya se han mencionado algunos de los aspectos a tratar, nuestras relaciones
con el otro, con el dinero, con el sexo, con el poder, etc. son problemáticos
en cualquier persona y susceptibles de perfeccionamiento.

En nuestro pasado se encuentran episodios que nos están afectando
todavía y que hacen nuestra vida algo menos feliz. En nuestra
historia hemos resuelto de determinada manera los problemas, pero posiblemente
no sería la forma en que lo haríamos ahora que sabemos
sus consecuencias y hemos aprendido otras alternativas, la terapia
personal nos ofrece el marco adecuado para analizar y cambiar esos
esquemas que nos lastran sin necesidad.

Aplicación de las
técnicas a nuestra propia vida

En la terapia enseñamos habilidades para resolver problemas,
así mejoramos el comportamiento con el propio cuerpo, nuestro
diálogo interno y las habilidades de relación en nuestro
comportamiento social. Analizar cuales son nuestras habilidades y como
las estamos aplicando nosotros en nuestro contexto personal, nos va
a permitir entenderlas mejor y sobre todo nos va a proporcionar una
experiencia que va a elevar notablemente nuestras capacidades terapéuticas.